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Dentro del procedimiento calcográfico de
incisión indirecta, también hay una amplia gama
de técnicas que se basan en la incisión química,
a través de la corrosión del metal por medio de
un mordiente.
El aguafuerte es la técnica más importante de
este grupo y de la cual derivan la mayoría de
las demás que siguen. El artista graba las zonas
deseadas mediante una solución de ácido nítrico,
llamado comúnmente aguafuerte. Aguafuerte es hoy
una expresión general que no se aplica
únicamente a un grabado realizado con ácido
nítrico, sino que se denomina aguafuerte
indistintamente, por ejemplo, a uno incidido con
percloruro de hierro o con ácido clorhídrico.
La plancha de metal se debe proteger de la total
acción del mordiente, y para ello se cubre con
un barniz, suficientemente dúctil para que
permita dibujar y, a la vez, descubrir los finos
trazos del artista sobre la plancha; también
debe ser resistente a la acción del mordiente.
Normalmente este barniz cubriente tiene una base
de cera, de resina, para darle más dureza y
resistencia, y betún de Judea, que le confiere
cierto tono oscuro que ayuda a distinguir el
trazo, al mismo tiempo que refuerza los otros
elementos. Una vez cubierta la plancha (que
previamente ha sido desengrasada) con el barniz,
se puede diseñar encima la imagen, con una punta
que descubre la plancha por donde pasa.
Terminado el dibujo se sumerge la plancha en una
solución de mordiente para que incida el dibujo.
El tiempo del baño depende de varios factores:
de la profundidad de trazo que se desea, del
grado de mordiente o concentración que tenga el
ácido o la sal empleados, de la temperatura
ambiente, de la «vejez» o del pre-uso de los
ácidos, etc. El grado de concentración se mide
con el pesaácidos muriático, de escala Beaumé.
Si la plancha es de cobre, el mordiente más
adecuado es el ácido holandés, solución a base
de ácido clorhídrico, cloruro de potasa y agua.
Este mordiente, aunque lento, es el más fiel al
trazo ideado por el grabador y es excelente para
texturas finas y aguatintas.
Tan utilizado como el ácido holandés es el ácido
nítrico, mucho más rápido en su reacción, aunque
no tan fidedigno. Es el más empleado sobre todo
para planchas de cinc, que a su vez, también son
de uso frecuente. Otro mordiente presente con
frecuencia, para las planchas de cobre, es el
percloruro de hierro, una sal que no es tóxica,
ni desprende vapores, ni quema en sus
salpicaduras, si bien mancha terriblemente; es
lento como el holandés, pero proporciona trazos
nítidos y finos.
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