Previamente, antes de empezar el trabajo de estampación se biselan las planchas, operación que consiste en hacer un pequeño desnivel, de unos 45°, en los bordes superiores de la plancha, con el fin de facilitar la entrada de ésta por debajo del cilindro del
tòrculo y evitar que los cantos vivos del metal corten el papel y los fieltros del tórculo. Los biseles, una vez estampados dejan su huella en el papel, que se denomina entre otras maneras, cubeta y es, como se ha dicho al principio, una de las características del grabado calcográfico, ya que no aparecen en ninguna otra técnica.
2- El papel La estampación, se realiza sobre papel que, para el grabado, deberá poseer unas cualidades concretas de acuerdo con la carga que va a recibir y la presión que va a soportar en su superficie. Además de la calidad de su materia prima se procura que tenga las siguientes propiedades: resistencia, lo que dependerá de la largura, entrelazado y elasticidad natural de sus fibras, que suelen ser de algodón, lino o cáñamo en los países occidentales; porosidad, a fin de recibir adecuadamente la carga de la tinta que se deposita en su superficie; adaptabilidad, ya que, mediante la presión debe tomar la tinta de los surcos de la plancha y, por tanto, seguir la impronta del trazo. Se debe conocer la cantidad de cola que tiene y si está encolado por el recto y el verso, a fin de darle la humedad adecuada durante el tiempo preciso para que abra los poros y escupa el excedente de esta sustancia. Hay papeles que no necesitan humedad, como algunos japoneses o fabricados al estilo Japón, otros, en cambio, necesitan una prolongada inmersión en agua, a fin de que toda la pasta se humedezca por igual.